En esta época en la que tenemos tantos problemas de distinto orden, cuando hay algo concreto con fecha determinada y que estamos esperando con mucha ansiedad, se nos hace más difícil aguardar la llegada de ese momento.

Concretamente nos referimos a la primavera, la estación del año que creemos que si fuera a una elección junto a las otras tres, ganaría por amplio margen sin necesidad de una segunda vuelta.

El nombre proviene  del primer verdor y comienza con el equinoccio de primavera, que en el hemisferio sus se da entre el 21 y 22 de Setiembre y termina con el solsticio del verano que es el 21 de Diciembre.

Y la esperamos con tanto fervor o necesidad, según como se la quiera determinar, por sus características esenciales. En cuanto al clima suele ser frecuente el aumento lento y progresivo de las temperaturas cambiando también el régimen de precipitaciones. Pero es la naturaleza la que nos marca los cambios fundamentales con la venida del verde y los colores que nos brindan las hojas y las flores de los árboles y de la plantas en general, dando el más amplio espectro cromático al paisaje después del invierno.

La primavera también puede referirse a las ideas del renacimiento, el rejuvenecimiento, la renovación, la resurrección y el nuevo crecimiento. En la literatura, la primavera representa la juventud, época o fase de la vida de una persona en la que se dice que está en la flor de la vida ya que en la primavera florecen las plantas, hay muchos pájaros, brilla más el sol, los días son más largos, todos síntomas de una mejor calidad de vida.

Pero nos quedamos con las flores y su variedad de colores que tanto en el campo como en las ciudades le dan una tonalidad que no por reiterada, sigue asombrándonos, con perdón de aquellos que son alérgicos al polen. 

Por suerte en el país hemos tenido arquitectos paisajistas que con su capacidad supieron plantar los ejemplares necesarios para que disfrutemos de esa gama interminable de colores. Y no solo en calles sino también en espacios públicos específicos, como jardines botánicos y también en jardines particulares de hermosas mansiones que muchas veces hemos visto personalmente aunque muchas más por filmaciones.

Tal vez quién más se destacó en esas labores está el arquitecto franco-argentino Carlos Thays (1849 – 1934)  que además de los Bosques de Palermo y otros numerosos parques en la ciudad de Buenos Aires, realizó sus obras en otras como Rosario, Córdoba, Paraná, Mendoza, Salta, Tucumán y Mar del Plata.

Promovió además la creación del segundo Parque Nacional ( El Iguazú ). Siempre que usted vea en las calles y otros lugares lapachos, ceibos, palos borrachos, jacarandás, tipas o yuchanes, seguro que detrás de ello está la determinación de Thays de haberlos colocado allí.

Y para pintarlo de cuerpo entero, además de su magnífica obra, dejó una sentencia que dice “ La felicidad anda más en la nobleza del bosque que en el lujo sin verde”.

Felices colores, aromas y vivencias en esta próxima primavera.